lunes 25 de julio de 2011

¿Qué fue de Jorge Sanz? (2011)

¿Qué fue de Jorge Sanz? No, no es una pregunta, es el título de la serie creada por David Trueba y el mismo Jorge Sanz para Canal+ que se estrenó hace unos meses y que acaba de editarse en DVD. Un título sugerente porque, en los últimos años, ¿quién no se ha preguntado dónde se esconde aquel omnipresente actor de los años 90?


El material de partida ya es interesante: una serie que retrata qué hay después del auge y la caída de una carrera meteórica y veloz en el mundo del cine (español). Qué ocurre con los que un día fueron galanes pero terminaron por ajarse, tal vez, demasiado temprano. Muchos de ellos terminan pululando entre producciones mediocres y otros caen directamente en el olvido. Son olvidados por el público y por la propia industria. ¿Qué ha ocurrido, concretamente, con Jorge Sanz?


No, no es un documental, es una ficción y Jorge Sanz interpreta un rol. Un rol que, precisamente, es el del propio Jorge Sanz, pero no significa que todo lo que veamos sea real. Con un estilo que baila entre la ficción y el documental, la serie cuenta las idas y venidas del actor en medio de una vida profesional inexistente y una personal poco gratificante. Sorprende la veracidad con que está retratada, aunque es evidente que hay mucho de ficción en esta aparente realidad. No obstante, muchas de las cosas que se retratan (desde el video que pululó por youtube del actor borracho en una discoteca jienense hasta las colaboraciones de distintos actores interpretándose a ellos mismos) esconden tras de sí una verdad y nos hacen pensar que dentro de esa ficción, también se encuentra una realidad.



Pero lo que tiene de valioso esta serie es su nacionalidad. Es la primera vez en España que desde la ficción catódica son capaces de reirse de ellos mismos, de hacer autoparodia y autocrítica en torno al cine y el audiovisual español. Es algo necesario, que hacía mucha falta. El hecho de que sea Sanz el actor y no otro dota al producto de un sentido completamente distinto. El actor cumple con todos los puntos del clásico actor venido a menos: un comienzo precoz, un rápido ascenso, una presencia en los títulos más importantes de una época, un atractivo físico y... un escaso nivel dramático, una rápida caída, una presencia en títulos mediocres, un cambio de físico y, prácticamente, una caída en el olvido. Si no fuese Jorge Sanz y estuviésemos frente a Juanjo Puigcorbé o Gabino Diego, por ejemplo, no podríamos llevar la serie en la misma dirección en que el tándem Trueba-Sanz la llevan. Sanz tiene el suficiente sentido del humor como para reirse de sí mismo y consigo mismo, dejándose en evidencia en numerosas ocasiones, reconociendo su dudoso talento como actor, revelando algunos secretos o rencillas de los entresijos del cine, sacando a la palestra su condición de mujeriego y hablando sin pelos en la lengua de las peores películas en las que ha estado. Y, lo mejor de todo, está mejor que nunca. La interpretación de Sanz haciendo de Sanz es, con toda probabilidad, la mejor de su carrera. Ha sabido sacar provecho, con inteligencia, a su supuesto declive profesional.

Es una pena que donde yo he visto todo esto, muchos hayan entendido una especie de publirreportaje en el que el actor utiliza sus últimos cartuchos para venderse. En mi opinión, ¿Qué fue de Jorge Sanz? es una de las mejores y más inteligentes series que la ficción televisiva española ha dado en años. Lástima que solo dure seis capítulos. Cuando acaba necesitas más Sanz. Se le coge cariño.

jueves 21 de julio de 2011

Cars 2 (John Lasseter, 2011)



Desde hace unos años Disney-Pixar ha convertido en un ritual el acercamiento en masa hasta las salas de cine en los calurosos meses de verano para poder disfrutar del último de sus vástagos. Tras el arrollador éxito de la tercera parte de Toy Story, han probado suerte con Cars 2 y ya anuncian para el verano que viene una secuela (precuela, según he leído) de Monstruos S.A.



Parece que a la compañía se le agotan las ideas después de estrenar un buen puñado de obras maestras en los últimos años (Buscando a Nemo, Monstruos S.A., Ratatouille, Wall-E, Up!) y tiene que echar mano de sus grandes éxitos para poder sacar nuevos productos. Y es que, aunque la jugada de Toy Story 3 la superó con muy buena nota (yo también la incluiría dentro de esa lista de obras maestras), en Cars 2 deja de lado lo mejor de sí y nos ofrece un espectáculo que, si bien es entretenido, no logra siquiera acercarse al nivel que nos tiene acostumbrados.



Seamos francos. El material de partida, el universo Cars, ya no era de primera clase y si su predecesora ya era un tanto sosa y menos ingeniosa de lo habitual, Cars 2 peca exactamente de lo mismo. No hay que olvidar que, además, algunos de sus personajes (sobre todo Mate) ya han sido explotados en una larga serie de insulsos cortometrajes. Pero, cuando parecía que el fruto no podía dar más de sí, Pixar obra con inteligencia y salva la película del desastre presentándose más como un spin-off que no como una secuela propiamente dicha.



El poco carismático Rayo McQueen cede su protagonismo al descerebrado Mate (demasiado Mate, para mi gusto) y a una serie de nuevos personajes mucho más interesantes que los originales y logran elevar esta poco prometedora segunda parte hasta el nivel de entretenida. Poco hubiese importado si en vez de ver los ya conocidos cars transmutados en agentes secretos hubiesen creado nuevos personajes para narrar esta animada acción a lo James Bond. De hecho, Pixar consigue incluso que Cars 2 funcione como película de la saga 007 mejor que algunas de las películas oficiales de la propia saga (mejor que cualquiera de las de Pierce Brosnan, sin lugar a dudas ).



Pixar no llega a decepcionar pero rompe el ritmo al que nos tenía acostumbrados. No lo tomaremos en serio si siguen entreteniéndonos y dándonos esas joyas que nos han venido dando año tras año. Waiting for the next.

miércoles 20 de julio de 2011

Relato de un campusero

La semana pasada estuve en la 15a edición de la Campus Party en España en una doble faceta bien diferenciada, la de campusero y la de colaborador, pero en esta crónica trataré de retratar mi vivencia desde el primero de esos dos puntos de vista.





Hay al menos tres cosas que, a primer golpe, llaman la atención del evento. La primera es que no es ni Campus (no tiene nada que ver con la universidad, un hecho que deberían contemplar) ni Party (bueno, tal vez es la peculiar 'party' de unos cuantos), pero no deja de ser una cosa meramente anecdótica.




En segundo lugar, la organización se empeña en difundir el evento como algo más allá de un espacio donde interconectar ordenadores a velocidades insospechadas para jugar y descargar a 'quiensabecuántos' megas por segundo. Los medios parecen no querer ayudarla. Sin embargo, la programación, toda ella relacionada con la tecnología y la innovación, se presenta dividida por espacios y, además de ser exquisita, demuestra que su intención es, precisamente, llevar más alla el concepto de Campus Party, desligarlo de esa definición que los medios y el público, más o menos general, dan de ella.




El problema (re)aparece cuando te das cuenta de que el hastag tuitero que lanzó la propia Campus no llega a trending topic y que las diferentes conferencias son interrumpidas una y otra vez por aplausos o gritos de guerra de unos campuseros que, sin despegar la vista del Counter Strike o sucedáneos, van a su bola. Parece que en el fondo, para muchos, sigue siendo solo eso.



Y en tercer y último lugar, sorprende cómo un evento de tal magnitud y reconocimiento internacional navega tan a la deriva, sin una jerarquía clara de organización en la que los bienintencionados voluntarios ayudan como buenamente pueden en medio de una escasez de información (falta orden, faltan indicaciones por todas partes) tan preocupante. Mención aparte merece la sensación de inseguridad en un lugar donde no hay taquillas y pretenden tranquilizar al campusero mediante constantes controles, a veces cada diez o veinte metros, en los que debes enseñar una y otra vez la mochila o el portátil debidamente etiquetado con tu DNI.






Incidentes de este tipo aparte, como ya he avanzado, las conferencias fueron variopintas, para todos los gustos y, muchas de ellas, reseñables. Habiéndome perdido por motivos laborales algunas de las gordas, como las de Kevin Mitnick (el hacker que no se deja grabar), Pau Garcia-Milà o Ferran Adrià, cabe destacar, sobre todas las cosas, la impartida por David Bravo en torno a la propiedad intelectual. El abogado sevillano, especialista en el tema y figura de actualidad debido a los acontecimientos que nos acompañan en los últimos meses, hizo fácil un tema que no lo es. Expuso con enorme claridad los problemas y vacíos legales en torno a los derechos de autor y dio respuesta a todas las preguntas polémicas que, atendiendo a los medios, parecen no tener respuesta. Lejos de dar un discurso pedante o aburrido, trató temas legales con dotes de gran orador, calculando los tempos e introduciendo anécdotas o comentarios jocosos que harían temblar a muchos de los pseudomonologuistas que aparecen por televisión.



Gianluca Fratellini fue otro de los ponentes más simpáticos que se pudieron ver en el espacio de innovación. Animador de personajes y titular en la empresa de VFX Double Negative nos repasó desde su experiencia una concentrada historia de la animación, con especial atención a sus trabajos para Happy Feet (Happy Feet, 2006) o Paul (Paul, 2011), y aportó su punto de vista de creador para indicar las claves de una buena animación y un buen cine de efectos que parece no encontrar el equilibrio entre historia y espectáculo. Desafortunadamente no puedo decir lo mismo de Carlos Schmukler, ponente que siguió a Fratellini en el mismo espacio, que se encargó de aburrir al público con un discurso obvio, elemental y poco preparado en torno a un tema a priori tan jugoso como el sonido cinematográfico.




Interesante, aunque solo eso, también fue la charla sobre internet y derechos humanos que, a tres bandas, ofrecieron Amira Al Hussaini, fuente de información clave en las revueltas árabes; Leila Nachawati, especialista en periodismo humano; y Olmo Gálvez, representante de Democracia real ya. No puedieron destacar mucho más allá del papel primordial que las redes sociales y los portales de videos jugaron en las revueltas árabes y en las acampadas españolas, informando directamente de usuario a usuario sin el filtro manipulador de los medios. Era un tema interesante pero, lamentablemente, se quedo a medias por la falta de tiempo.


Correcta también fue la mesa redonda en torno al contenido para la web 2.0, donde creadores de webseries y productores de grandes cadenas debatían, entre otras cosas, en torno a los problemas de financiación de estos pequeños proyectos. La postura indignada de los primeros frente a la venta constante de humo de los segundos dejó, finalmente, la sensación de que ninguno de los dos bandos quería hacer sangre cuando, un tema tan en boga y tan poco apoyado como el que se trataba, invitaba, al menos, a una discusión acalorada.



Y en medio de tal maremagnum de nombres y sesudos temas de futuro, una de las pequeñas joyas de la Campus la dio, en un espacio escondido y a horas poco apropiadas, José Mª Villalobos, bloggero, cinéfilo y aficionado a los videojuegos. Estableció una interesantísima relación entre los videojuegos y el cine, comparando imágenes de unos y de otros desde sus respectivos orígenes y ofreciendo sutanciosas conclusiones en torno a temas aparentemente tan separados como Mario Bross y Buster Keaton.





Son todos los que están pero no están todos los que son. Es lo que tiene un evento inabarcable como la Campus Party.




Fotografías de Campus Party - Algunos derechos reservados

jueves 30 de junio de 2011

Pequeñas mentiras sin importancia [Les petits mouchoirs, 2010]









Pequeñas mentiras sin importancia [Les petits mouchoirs, 2010], dirigida por el actor y director Guillaume Canet, es una de esas grandes películas de una cinematografía olvidada por nuestras salas de cine. Con gran película quiero decir que en Francia obtubo grandes éxitos de taquilla y de crítica; y con olvidada quiero decir que en España se ha estrenado en diez o doce salas mal contadas. Sin embargo, eso es todo un éxito en un país en el que películas ganadoras en festivales como los de Cannes, Venecia o Berlín no logran estrenarse más que en dos o tres salas (recuerden, por ejemplo, La cinta blanca (Das weisse band) o La clase (Entre les murs), por nombrar solo dos).



A diferencia de (casi) cualquier Palma de Cannes, Pequeñas mentiras... es un film de lo más convencional, pero no por ello es menos valiosa. Se trata de un film sincero sobre las relaciones humanas, bien escrito, bien narrado y bien interpretado. Parece obvio pero hoy en día encontrar esto no es tan fácil en una pantalla de cine. Los personajes son de lo mejor que he visto en mucho tiempo y el guión te lleva, sin imposturas, de las situaciones más tristes a las sutuaciones más divertidas con gran maestría. Es una película francesa poco francesa, carne de remake americano, de fácil traspaso a otra nacionalidad (con el consecuente riesgo de echarla a perder, claro). Es como un Sánchez Areválo galo o un Cesc Gay con un poco más de sentido del humor (todo en términos positivos, que no se me malinterprete). Entonces, ¿por qué no se estrena con más ímpetu en España? ¿Por qué la gente huye del cine europeo, aún cuando la protagonista es una star internacional como Marion Cotillard? ¿Por qué hay quejas cuando films españoles (Celda 211, Balada triste de trompeta, etc.) no son bien tratados por las carteleras extranjeras si aquí se hace lo mismo?



Son preguntas abiertas que dejaré en el aire.



Con todo, la película no es perfecta. Aunque no se hace larga, las más de dos horas y media de duración podrían haber sido fácilmente reducidas. Los momentos videocliperos alargan demasiado algunos pasajes, subrayando sentimientos que no hacía falta volver a contar (un par de momentos están bien, pero seis o siete pueden lastrar el resultado final) y cierto "sobreedulcoramiento", como el de la secuencia final, que corre el riesgo de separar al espectador del realismo indiscutible que se respira a lo largo del metraje.



Una película recomendable que, para los escépticos, se sitúa a medio camino entre el cine francés más "duro" (véase Claire Denis, Bruno Dumont, Laurent Cantet o los supervivientes de la nouvelle vague) y el más "convencional" (Jean-Pierre Jeunet, Jean-Jacques Annaud o, inlcuso, Luc Besson), entrecomillando siempre estos conceptos.



Y aunque no venga mucho a cuento me gustaría recomendar el cómic francés Pequeños eclipses, de Fane y Jim, que me venía una y otra vez a la cabeza mientras visionaba el film.

miércoles 17 de noviembre de 2010

¡Hasta siempre, Míster Marshall!

Hace mucho que no escribo. Últimamente me cuesta enlazar más de dos frases con un mínimo de sentido pero no puedo dejar de actualizar para hablar del que para ha sido uno de los mayores genios que ha dado el mundo del cine. Me refiero, como se puede adivinar por el título, a Luis García Berlanga.

Los que me conocen saben que a lo largo de mi trayectoria cinéfila/cinéfaga, Berlanga ha sido uno de los creadores que más me ha fascinado, emocionado, divertido y un sinfín de adjetivos más, todos ellos positivos, que convertirían esta lista en interminable. Desde aquí, mi humilde espacio, me gustaría dar una sincera despedida a uno de mis grandes inspiradores reproduciendo uno de los textos que en su día escribí a modo de conclusión en una de las investigaciones que, a nivel académico, me acercó a la figura del realizador.

"Es evidente que a lo largo de la filmografía de Berlanga hay una evolución, con un punto de inflexión más que evidente en su paso del cine en blanco y negro al color. Los más puretas dicen que en ese paso el verdadero Berlanga murió. Y resulta paradójico, porque tiene un mayor número de películas en color que en blanco y negro, con lo que alguna vez he leído que quizá no es el genio del que todos hablan. Sin embargo, humildemente, creo que tiene verdaderas obras maestras tanto en una etapa como en otra y lo que es más importante, un estilo, una marca, una firma que que se repite en todas y cada una de sus películas. Historias comprometidas, satíricas, esperpénticas y con un toque triste, pesimista que recuerda al mejor neorrealismo italiano. Personajes que representan lo mejor y lo peor de cada casa, de la sociedad del momento, de la lucha de clases. Todo esto, mezclado, batido y servido frío (porque hasta su cine más antiguo sigue siendo actual) es lo que podríamos identificar como su firma, una firma que responde al concepto de berlanguiano.

Es cierto cuando dicen que Berlanga aprendió de otros. Lo emparentan con autores del Neorrealismo y siempre le sacan sabor a los esperpentos de Valle-Inclán. Pero lo que también es cierto es que sobre esos cimientos construyó su propio edificio y en él han acabado viviendo muchos guionistas y directores posteriores de esos que, al finalizar la película, te dejan un regusto berlanguiano.


Los personajes, metidos en disparatadas situaciones y con hilarantes diálogos, siempre han sido la principal baza de sus historias y sus películas, muestra de ello es la utilización hasta la saciedad del plano secuencia en beneficio suyo. Unos personajes que casi siempre eran los mismos que se repetían en cada una de sus películas, adaptando su forma y figura a una realidad del momento.

Se ha visto en su cine panfletos de todos los gustos y colores. Que cada uno saque sus conclusiones en este punto. Él mismo decía, “para los fachas siempre he sido un rojo y para los rojos siempre he sido un facha”. Lo cierto es que sus historias tuvieron problemas con la censura y muchas pudieron no haberse estrenado nunca, lo cual hubiese sido una tragedia. Otras, en cambio, nos sorprenden por su contenido comprometido para una época (censura incluida) ya de por si comprometida."


Gracias, Luis. Gracias a ti el cine español de antaño (e incluso de ahora) se puede ver con distintos ojos y no quedarnos con anticuadas producciones sobre folclóricas y niños cantarines de futuro incierto. Cine de verdad, en mayúsculas, comprometido con la realidad y a la vez entretenido. Un cineasta que por suerte ha sido homenajeado y reconocido, siempre de forma merecida y como él bromeaba “de forma pre-póstuma”; siempre cinéfilo (aunque a él no le gustara que le consideraran como tal), hasta su muerte; y por supuesto, un buen fetichista y amante de las mujeres.

De las tres grandes B del cine español (Buñuel-Berlanga-Bardem) yo me quedo con Berlanga.

¡Hasta siempre, Míster Marshall!

domingo 26 de septiembre de 2010

Educación vs. Televisión

Educación y televisión son dos palabras que a día de hoy parecen contradecirse. Y eso no quiere decir que no haya espacios televisivos en los que la educación está presente. Programas infantiles, sobre todo, con mayor o menor éxito, como Los Lunnis o la enésima revisión de Barrio Sésamo; o los documentales (los libres de sensacionalismo, claro está, no me sirve Crímenes Imperfectos) tienen una clara voluntad educadora.

Sin embargo parece que hay una evidente carencia de contenidos didácticos en una programación cada vez más circense. Su pasado pedagógico para la infancia, con programas como el propio Barrio Sésamo o los conducidos por Gloria Fuertes ya no tienen cabida hoy en día. Pero, no nos equivoquemos, la fórmula de estos espacios es un tanto caduca no sólo para el medio sino para el público consumidor. No creo que ningún niño del siglo XXI pudiera aguantar ni diez minutos de la buena de Gloria Fuertes recitando la tabla de multiplicar.

La posibilidad de inventar un nuevo formato con contenidos educativos en medio de una televisión con tan amplia oferta es impensable. Y, aunque parezca que estoy diciendo una contradicción, los niños de hoy en día, cuando conectan el televisor ya no buscan, sólo alternan Disney Channel con Clan TV y, ahora, también con Boing, tres canales contenedores de series de dibujos animados que parecen querer cubrir parrilla y necesidades más con cantidad que con calidad.


En medio de este apocalipsis educador la solución puede pasar por una educación de raíz, en su base, es decir, desde los centros de formación. El niño que va al colegio aprende matemáticas o naturales a regañadientes y sólo llega a comprender su aplicación en la vida real futura. Algo similar debería comenzar a considerarse con el mundo de la imagen y el audiovisual. Desde que nos levantamos de la cama somos golpeados una y otra vez, de forma insistente, por imágenes: televisión (en todas sus modalidades), fotografías, spots, carteles, anuncios, pancartas, etc. Muchas de estas imágenes no las procesamos pero quedan en nuestro subconsciente. Nos golpean con tanta fuerza que ya somos inmunes al dolor que nos producen. Acudimos a comprar Bio de Danone porque va bien para la flora (¿qué demonios es la flora?) y sólo nos falta poner un plato más en la mesa para Belén Esteban. Quizás si supiésemos leer e interpretar estas señales no seríamos tan vulnerables a ellas. Olvidaríamos la convicción que tenemos sobre la verdad en televisión y todos seríamos un poquito más felices. Es posible que esto no interese a nadie, pero si el problema afecta en capas altas hay que buscar una solución en su base. Aunque, pensándolo bien, es posible que fracasáramos en el intento y la educación en la materia se convirtiera en lo que se llama “una asignatura menor”, como música, que pese ser otra de las cosas que nos golpea de manera intolerable, en los colegios se limitan a ofrecer a los niños una hora de entretenimiento a base de flauta y golpe de tambor. Si es que al final todo es eso: entretenimiento. ¿Estamos condenados?

lunes 23 de agosto de 2010

El cine que queda

A diferencia del año pasado éste ha sido un verano bastante mediocre en lo que respecta a estrenos cinematográficos. Tan sólo Origen, Toy Story 3 y, tal vez, Los Mercenarios (en serio) se salvan de la quema. El resto de títulos no me han animado a acercarme a las salas (aunque sí que vi el Equipo A y no llegó ni a entretenida) y las películas que me interesaban, como casi siempre, no las he tenido a mi alcance (véase Las vidas posibles de Mr. Nobody, por ejemplo). Pero tras el bochornoso periodo estival llega la resurreción cinematográfica con el arranque del curso escolar o laboral. Voy a repasar y prejuzgar, que me gusta.

Esta misma semana comienza con el estreno de Conocerás al hombre de tus sueños, lo último de Woody Allen, que llega antes de lo habitual y, como es costumbre últimamente, después de su preestreno en un festival (en este caso Cannes) con la crítica dividida.

La misma semana una inapetente nueva versión de Karate Kid con Jackie Chan como Maestro Miyagi y un "subidito" Jaden Smith, hijo de Will Smith, que te invita a alejarte de la sala donde se proyecte el film. A mí no me encontrarán allí.

Lo mismo ocurre con Todo sobre mi desmadre (premio al traductor), lo último de la factoría Apatow que tiene pinta de subproducto bastante garrulo; y Predators, que parece que no va a aportar mucho a la entretenídisma original con el tio Arnold a la cabeza.

El 3 de septiembre llega El aprendiz de brujo. Nicolas Cage haciendo de Mickey Mouse (sí, es una adaptación del mismo relato que inspiró el famoso fragmento de Fantasía) + magia + Bruckheimer. Blockbuster que puede que triunfe pero que a mi me parece una combinación demasiado vomitiva como para arriesgar los 6 euros de entrada al cine. Lo mismo podría decir de Lope, la superproducción española en torno a la vida de Lope de Vega. Un film que fácilmente puede caer en el olvido igual que otros intentos de película biográfica/histórica españolas (véase Miguel y William, por ejemplo); y Submarino, lo último de Thomas Vintenberg, visto en Cinema Jove y seguramente difícil de encontrar en salas aunque, sinceramente, a mi no se si me apetecería ir a verla. Finalmente, lo último del irreverente Kevin Smith, Vaya par de polis (otra traducción con poca gracia), con Bruce Willis a la cabeza y un saco de malas críticas a la espalda. Parece que el genio de Smith está un tanto estancado últimamente.


Las siguientes semanas estrenan el sobrevalorado Achero Mañas -que no dirige desde Noviembre- que presenta Todo lo que tú quieras (10 sep.) un drama familiar que se podrá ver previamente en el Festival de Cine de Toronto. El americano (17 sep), de Anton Corbijn y con George Clooney a la cabeza sobre la que ya dicen que huele a premios y candidaturas a los Oscar, como casi todo lo que estrena últimamente el bueno de Clooney. La revisión del anime Astroboy (24 sep) en 3D (todo en tresdé, venga, aunque sea cutre); Come, reza, ama (24 sep) que es la típica película por y para Julia Roberts, ésta en compañía de Javier Bardem; El gran Vázquez (24 sep), biopic del famoso dibujante de historias español que parece querer ser el American Splendor made in Spain y al que es posible que le falle su protagonista, Santiago Segura, que puede llevar a la gente a querer encontrar en ella una película que no es y a los que no soportan al actor a no acudir a las salas; Greenberg (24 sep), un cambio de registro (acertado, dicen) de Ben Stiller; Buried (1 oct), del español Rodrigo Cortés, del que se puede esperar bastante tras su interesante debut con Concursante y que fue estrenada con enorme éxito en el pasado Sundance. Buried trata de un hombre que es enterrado vivo y tan sólo dispone de 90 minutos antes de que se le agote el oxígeno. Un film de suspense que promete.




Wall Street 2 (1 oct), del antes interesante y ahora venido a menos Oliver Stone llega con críticas mediocres bajo el brazo. Machete (1 oct), la locura máxima de Robert Rodríguez, a petición de los fans a partir del trailer falso de Planet Terror. De ella cabe esperar cualquier cosa. Además dicen las malas lenguas que hay lucha de espadas ente Robert de Niro y Steven Seagal. Di Di Hollywood (15 oct), del inenarrable Bigas Luna parece un producto fuera de lugar, de los que parece que no van a interesar a nadie. En mi opinión el ingenio del director catalán se agoto hace demasiado tiempo. Let me in (22 oct) otro innecesario remake de la estupenda Déjame entrar, que desde aquí la recomiendo muy mucho, más ahora que los vampiros son vegetarianos, metrosexuales y brillan a la luz del sol como un gusiluz. La red social (29 oct) del a veces estupendo y otras tantas sinvergüenza David Fincher cuenta la historia de cómo unos jóvenes "descubrieron la fórmula de la coca-cola" al crear facebook. Los ojos de Julia (29 oct), con Belén Rueda a la cabeza y Guillermo del Toro en la producción está llamada a ser la nueva sensación del creciente terror patrio, aunque su trailer es bastante ambiguo. Chloe, del aclamado Atom Egoyan, remake afrancesado de la francesa -valga la redundancia- Natalie X; la esperanza española de Biutiful (3 dic) de González Iñárritu, con un estupendo elenco encabezado por Javier Bardem (premiado en Cannes) y con Blanca Portillo o Eduard Fernández en el reparto. Uncle Bonmee (3 dic) del tailandés de nombre impronunciable, última Palma de Oro en Cannes, llegará a cuatro salas, como siempre, y no podremos destriparla como seguramente se merece. Balada triste de trompeta (17 dic), otra esperanza española, dirigida por el siempre correcto Álex de la Iglesia de la que espero mucho -espero que no sea demasiado- y que llegará avalada por su preestreno en la sección oficial del Festival de Venecia.

Y todo esto entre otros muchos títulos que me dejo, entre los que seguramente habrá cosas muy interesantes. Espero que el repaso sirva de algo. ¿Qué es lo que más os llama la atención? ¿Cuáles queréis ir a ver y de cuáles queréis huir?