Tenía ya preparada mi entrada sobre Amando de Ossorio pero he decidido dedicarle antes este post a otro de los mayores conocidos desconocidos de nuestro cine, Antonio Mercero, por tres razones: la primera, porque me ha sorprendido encontrarme con una faceta del director que desconocía completamente; la segunda, porque este año va a recibir el Goya Honorífico y se va a hablar mucho de él; y la tercera, porque viene a ser la continuación natural de mi anterior entrada sobre Los olvidados, que giraba en torno a Narciso Ibáñez Serrador.

Antonio Mercero pasará a la historia por crear algunas de las series de mayor éxito en la televisión española. No me creo que nadie haya visto nunca un episodio de Verano azul, Farmacia de Guardia, Turno de oficio o Crónicas de un pueblo.
Sin embargo es un cineasta con una carrera irregular y parcialmente desconocida. Algunos de sus títulos más recientes -independientemente de su interés- como Planta 4ª, ¿Y tu quién eres? o La hora de los valientes, pasan desapercibidos para la mayoría del público y sus "grandes clásicos", como Espérame en el cielo o Tobi, quedan recluidos a conversaciones entre cinéfilos tachados de freaks.
Pero, exceptuando las series, los mejores trabajos de Mercero, en mi opinión, son sus piezas cortas realizadas para TVE desde los años 70 hasta ya entrados en el nuevo siglo. Y de entre todas ellas, sin ningún tipo de dudas, me quedo con esa obra maestra llamada La cabina (1972).

La cabina es un buen ejemplo para darnos cuenta de que la producción televisiva actual en España es patética. Se trata de una película para televisión de 35 minutos que no pertenece a ninguna serie ni es, de ninguna manera, nada parecido a las miniseries que copan las pequeñas pantallas con historias insulsas, mal contadas, aburridas y de interés escaso que a día de hoy se emiten casi semanalmente (véanse las tv movies centradas en acontecimientos morbososo como Los últimos días de Franco o Una bala para el rey). Es una historia de terror psicológico magistralmente narrada, con un magnífico guión (del propio Mercero y ¡José Luis Garci!) y una estupenda interpretación de José Luis López Vázquez. Sobre ella se han escrito páginas y páginas con distintas interpretaciones y metáforas más o menos ocultas sobre su posible crítica política, en la que sus autores nunca han querido meterse, afirmando siempre que cuando escribían estaban más cerca del cine de terror que de la política.
El tándem Mercero-Garci dio otro producto en el año 1976 con el título de La Gioconda está triste. Basada en un cuento homónimo del propio Garci, cuenta una historia que a día de hoy sigue siendo de una modernidad absoluta. Lástima que, al contrario de La cabina, no se puede decir lo mismo de su estilo, de su narratividad, que vista ahora huele demasiado a naftalina, ha envejecido terriblemente mal. Pese todo, su idea es brillante: un vigilante nocturno del Museo del Louvre descubre que el famoso cuadro de Da Vinci ha perdido su sonrisa. Múltiples análisis demuestran que la pintura no es una falsificación sino la verdadera y que, por tanto, la Gioconda está entristeciendo. A medida que pasan los días la mueca de tristeza de la mujer retratada es más y más triste y la totalidad de la población mundial es incapaz de sonreir.

Las dos pequeñas historias podrían perfectamente pertenecer a la serie Historias para no dormir. Incluso creo recordar que Ibáñez Serrador, en alguna entrevista, ha contado a modo de anécdota que se le han atribuido títulos que no son suyos sino obra de Mercero.
Para finalizar, me gustaría destacar la última de sus producciones para televisión: La habitación blanca (2000).
La habitación blanca podría entenderse como una actualización de La cabina. Su linea argumental no tiene nada que ver pero sí podrían sustraerse lecturas similares tanto de una como de la otra. En ella se cuenta cómo un hombre, obsesionado con la televisión -tiene un aparato en cada habitación-, comienza a sufrir "alucinaciones" en las que la televisión (o el televisor) parece querer dominarle. Aunque a priori su argumento nos pueda recordar a El televisor, de Ibáñez Serrador, la historia es completamente distinta. Su argumento es bueno, su tensión y su terror están bien transmitidos pero aun así algo falla e impide que este producto sea excelente y se quede tan sólo en un digno y curioso ejercicio (que es mucho más de lo que otros nos dan). Del mismo modo que afirmo que La gioconda está triste huele a añejo, aquí parece que nos encontramos ante una historia que fue pensada y escrita en los años setenta pero rodada hace apenas una década. Y eso le pasa factura. Su puesta en escena peca, en demasiados puntos, de simple y su increible reparto no está a la altura que podemos esperar (Chete Lera, Pepe Sancho y Fernando Guillén parecen perdidos en muchos momentos y no sacan a relucir todo el potencial que han demostrado tener).
Pese a todo, estas tres piezas podrían formar una trilogía de cuentos fantásticos pa
ra televisión realizados a lo largo de treinta años que darían más de una lección a algunos guionistas y realizadores contemporáneos pero, sobre todo, me ha gustado encontrar un Mercero mucho más oscuro de lo que conocía. He visto que quien creía que era un director moralista ha coqueteado sin ningún escrúpulo con el cine fantástico o el terror más puro y ha sido capaz de llevarlo con éxito a la televisión española. Y eso, una vez más, merece ser reivindicado.Y lo más sorprendente es que, repasando su filmografía, encontramos muchos títulos olvidados que merecerían ser rescatados y que, sin duda, me obligarían a ampliar esta reseña sobre "el Mercero fantaterrorífico". Me refiero a películas como Manchas de sangre en un coche nuevo o Tobi que, por desgracia no he podido conseguir, por ser prácticamente imposibles de encontrar. Si alguien me dice donde encontrarlas se lo agradecería enormemente.
De momento, redescubran a Mercero. Lo agradecerán.
6 comentarios:
Buen cambio en tu libro de ruta de los olvidados.
A mí, tras ver La Cabina y algún que otro corto, me vino a la cabeza una reflexión ¿por qué tenemos que seguir viendo en facultades los primeros trabajos de cineastas daneses o iraníes y dejamos pasar la oportunidad de ver lo que se hacía en este país hace 30, 40, 50 años por las promesas del momento?
Una sola pega: me parecen lamentables los signos de admiración con que insultas al gran José Luis Garci la primera vez que lo nombras. Espero que redimas tu falta justificando su uso.
De insulto nada. Son signos de admiración, de toda la vida...
Perfecto entonces me quedo con la tercera acepción del DRAE
ADMIRAR: 3. tr. Tener en singular estimación a alguien o algo, juzgándolos sobresalientes y extraordinarios.
Totalmente con la primera idea de "el hombrecillo documentado". Así es la vida, sé más sobre Lars Von Trier que de muchos grandes de la industria española...Estos artículos sirven como una gran guía para conocer una faceta del cine español muy interesante. Gran trabajo!
Hola, yo estoy buscando la película "La Habitación Blanca", ¿alguien sabe dónde la puedo conseguir?
"La habitación blanca" está incluida en un pack de dvds con cortometrajes y piezas para televisión de Mercero. Según dvdgo.com está descatalogado ahora mismo pero puede que lo encuentres en alguna biblioteca.
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