lunes 5 de abril de 2010

Los olvidados (IV): El hombre que se equivocó con su lugar de nacimiento

La última semana he visionado todas las películas que he encontrado de un cineasta al que tan sólo conocía ligeramente, más por todo lo que había leído que por lo que había visto: Juan Piquer Simón.

Piquer Simón irrumpe en el mundo del cine en una época delicada para el cine español y más concretamente para el género fantaterrorífico. El panorama cinematográfico de la época era, como la misma etapa política, un período de transición, con un rumbo indefinido y confuso. Con la muerte del dictador había llegado la hora de liberación y esto, en el cine, se tradujo en forma de tetas y culos. Era la edad dorada del destape o el cine "S".

Los mitos del género, como Paul Naschy o Jess Franco, intentaban sobrevivir haciendo valer su reputación y seguían dejando huellas en el camino con títulos como El huerto del francés (1978) y El caminante (1979) o El sádico de Notre-Dame (1978) y Eugenie (1980), respectivamente.

En medio de este complicado panorama irrumpe Piquer con Viaje al centro de la tierra (1977), film basado en la mítica novela de Julio Verne, que resulta un ejemplo claro de lo que iba a ser parte de su cine, es decir, un cine para todos los públicos, con grandes dosis de fantasía y aventuras.

Precisamente por esto, por dirigirse a un público mayoritariamente juvenil, Piquer se convierte en un incomprendido para la crítica y, a día de hoy, sigue siendo una de las principales razones para crucificar al cineasta cuando se reseña alguno de sus trabajos. Sin embargo, pese al espaldarazo de la crítica, el público responde de forma increible en la historia del cine español y más de 2 millones de personas acude a las salas de cine a ver la adaptación de la aventura de Verne.


En la misma estela, Piquer repetiría con films como Misterio en la isla de los monstruos (1981), Los diablos del mar (1982) -ambas, también adaptaciones de Verne- y, años más tarde, La isla del diablo (1994) y Manoa, la ciudad de oro (1999), con irregulares éxitos de público.

Y si por una parte Piquer se acercó al público juvenil, también tuvo su espacio para un público más adulto con films más oscuros y sangrientos.

En 1982, rueda en coproducción con Estados Unidos el film de serie B Mil gritos tiene la noche, un claro exploit de otros éxitos de la época como Halloween (John Carpenter, 1978) o Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980), cosechando un gran éxito de público en norteamerica y la posibilidad -que rechazó, y éste puede que fuese su gran error- de quedarse a rodar en Hollywood. El film no ofrece nada nuevo pero está narrado con pulso y se aleja de sus referentes introduciendo elementos que recuerdan más al giallo -la melodía de piano que acompaña al asesino- que al ya clásico slasher. En su misma linea rueda Slugs, muerte viscosa (1988) -una simpática e irónica monster movie basada en una novela pulp- o La grieta (1990) -terror abismal en la linea de Alien (Ridley Scott, 1979) que encuentra su principal defecto cuando su atmósfera, cargante, se vuelve explícita-.
Y en medio de todo esto encontramos un film inclasificable: Supersonic Man (1979). La película se lleva el mérito de ser la única película de superhéroes española rodada hasta la fecha. Estrenada un año después del primer Superman de Christopher Reeve, supone un híbrido entre el exploit y la parodia con momentos verdaderamente delirantes y desternillantes que, sin embargo, nos ofrece claras pistas de lo que podemos encontrar en todo el cine de Piquer Simón: la absoluta ironía.


Acercarse al cine de Piquer con una mirada rígida se convierte en un error y en el principal motivo para que no podamos disfrutar con sus películas. El cine que Piquer plantea jamás puede competir con sus contemporáneas del cine español al encontarse fuera de lugar pero, por otra parte, tampoco puede competir con las americanas, con las que guarda cierta versemblanza, al encontrarse obsoletas a su lado. Con todo esto, conociendo sus fallas, sus defectos, sus riesgos, Piquer sigue empeñado en echar adelante éste tipo de cine -sin olvidar que en los 80 en España no se subvencionaba en cine de género- y eso lo convierte en alguien digno de admiración.

Retomando el título, me gustaría saber qué hubiese sido de Juan Piquer Simón si en lugar de nacer en Valencia hubiese sido ciudadano americano. Si su Viaje al centro de la tierra no hubiese estado rodado con capital español, si su Supersonic man se hubiese convertido en una secuela de Superman, si sus aventuras juveniles pudiesen haber sido algo parecido a Los Goonies (Richard Donner, 1985) o si La grieta se hubiese alzado como una clara competencia de The Abbys (James Cameron, 1989).

4 comentarios:

Friki hasta la muerte dijo...

Un muy interesante repaso a la filmografía de este "olvidado". Es la primera vez que oigo hablar de él, pero voy a hacer todo lo posible por ver alguna película, sobre todo Supersonic Man. Es la eterna lucha de siempre: el género recibe muchos palos de manera injustificada.

el hombrecillo documentado dijo...

¿La sección se llama: "los olvidados" o "los olvidables"?

Por cierto, el trozo de Supersonic que he podido ver parece estar dirigido por José Mota... con todos mis respetos...a José Mota.

Tú y algún que otro coreano parecéis gárgantas profundas...os lo tragáis todo. Buen provecho

Gort dijo...

El clásico problema del cine fantástico asoma incluso en este blog. Era de esperar que hombrecillos sin fe apareciesen para hundir mis comentarios.

el hombrecillo documentado dijo...

Lo sé, soy totalmente agnóstico en tu creencia en que hay algo más allá en el cine fantástico. Supongo que no soy uno de los "elegidos".

De todas maneras en lo que si tengo fe es en la pequeña, casi minúscula, secta de bloggeros que nos retroalimentamos.

Jamás he pretendido hundir ningún comentario...o quizás sí. No, el hombrecillo es sinvergüenza pero nunca irrespetuoso con los currantes de la tecla.

Saludos