sábado 12 de junio de 2010

Caminando sobre una delgada cuerda

En el cine y en casi cualquier arte hay artistas que deciden caminar sobre cuerdas tan delgadas que terminan por romperse.

Jean-Luc Godard, por ejemplo, comenzó a caminar por esa cuerda a principios de los sesenta con su Al final de la escapada (A bout de souffle, 1960) dando inicio a un movimiento libre, vanguardista y, no lo neguemos, arriesgado. Y no sólo no cayó de la cuerda sinó que junto a él cruzaron otros muchos cineastas. La nouvelle vague es a día de hoy estudiada y venerada por la inmensa mayoría; ha hecho correr ríos de tinta. Sin embargo no puedo evitar preguntarme si lo que Godard hacía en ese primer film era una ruptura de normas tanto técnicas y artísticas fruto del deseo de una libertad creativa en el campo del cine o, por el contrario, nos estaba tomando el pelo. Da la sensación de que Godard se tambalea sobre la cuerda floja pero la duda surge y nos preguntamos si está realmente a punto de caer o son movimientos intencionados para darnos miedo y pensar que se va a desplomar.



Otro funambulista del cine es, sin lugar a dudas, Jesús Franco. Aunque podamos pensar que su circo tiene poco que ver con el practicado por Godard, el tío Jess tiene más cosas en común con su semejante frances de las que a priori podamos creer.

Si tomamos, por ejemplo, la primera mitad de su film Drácula contra Frankenstein (1972), podemos ver claramente como su discurso narrativo, así como sus constantes rupturas de los métodos tradicionales de representación, no se alejan tanto de algunas películas de la Nouvelle vague. Sin embargo, la incertidumbre a la que aludía antes al enfrentarnos a Godard, aquí se resuelve a medida que avanza el film: el propio Jess Franco se lanza al vacío, sin temor, para estrellarse contra el suelo. Pero al contrario de lo que se pueda pensar, su caída es intencionada, sabe perfectamente lo que hace, aunque quizás sólo él sabe por qué motivos.


No es descabellado si me atrevo a afirmar que cierto cine de Jess Franco fue lo más cercano a ciertas nuevas tendecias europeas en determinado momento histórico, no llegando a cuajar por deseo expreso del mismo director. Al final parece que la única diferencia que existe -y no es pequeña, aunque tampoco imposible de ver- entre Godard y Franco y, en consecuencia, el por qué se encuentran tan distanciados en cuanto a su supuesto interés cinematográfico (Godard aparece en todos los manuales de historia y Franco ni tan siquiera es aludido) es una cuestión de sutileza: el primero supo -y sabe, parece ser- cruzar con elegancia, sabiendo en cada momento dónde pone los pies; utilizando sus trucos para alertar al espectador; y, sobre todo, llegando siempre al otro extremo de la cuerda. El segundo, sin embargo, jugó a lo mismo que Godard pero a mitad de su recorrido decidió tirarse, asustando al espectador del mismo modo que nos asustamos al ver a un funambulista que no da bien su paso, obligándole a taparse los ojos . Incluso a día de hoy, Godard dice que no acude a los festivales por "problemas de tipo griego" mientras que Franco dice que "le están dando por el culo".

Sutileza.

Y en medio de estos dos ejemplos que, aparentemente, están tan separados aparece el sinvergüenza. El cineasta inteligente que con su impostura intenta hacernos creer que en su cine hay ciertos valores que realmente no hay y, encima, es sabedor de ello y alimenta su farsa siempre que puede. El cineasta que de una forma u otra parece estar ofendiendo no sólo a los que arriesgan o arriesgaron en su día sino a todos aquellos que luchan por sacar adelante sus proyectos y no pueden. El cineasta que camina sobre una cuerda delgada pero a ras de suelo e intenta hacernos creer que corre un riesgo. Pero no sigo escribiendo porque en este blog ya he hablado de...

4 comentarios:

Friki hasta la muerte dijo...

Genial el último párrafo. Aún así, creo que la comparación entre Jesús Franco y Godard no es justa....para Franco. La repulsa que el cine del crítico francés (me resisto a llamarle director) me provoca es enorme. En cambio, el Tío Jess es un creador ambicioso y al mismo tiempo conformista. Ambicioso porque fue a por un género que no se producía en nuestro país pero conformista porque nunca consiguió un resultado redondo. Jesús Franco pasará a la historia por abrir el camino para que se produzca cine de género y carácter sexual, pero no por la calidad de su obra.

Gort dijo...

No he querido entrar en valoraciones personales sobre Godard y su trouppe porque todavía estoy en fase de saber si me toman el pelo o no.

Por otro lado, discrepo totalmente con lo de Jess Franco. No creo para nada que sus "errores" sean fruto de su conformismo, todo lo contrario, están hechos con intención, muchísima intención, y eso es lo que de una forma u otra lo acerca a Godard. La diferencia es que en un caso se ha sabido ver ese riesgo, ese atrevimiento y en el otro se ha tomado como un pobre diablo conformista. La -eterna- pregunta del millón, ¿pasa esto porque los personajes de Franco son monstruos, doctores chiflados y señoritas con poca ropa?

el hombrecillo documentado dijo...

UAU...LO QUE MÁS ME HA SORPRENDIDO Y GUSTADO...LA ALTA CANTIDAD DE ETIQUETAS...BIEN, SLOLLET, BIEN.

Sobre la delgada línea roja entre genio y vendedor de crecepelo, creo que es injusto comparar a Godard con Serra. Godard sí que hizo algo diferente, innovador y ocupó un lugar inexistente hasta el momento. Que luego resulte repetitivo, cargante o inaccesible, cierto.

Ricardo Tarraga dijo...

Si me permites, escribiré un corto comentario sobre Franco y Godard. Antes que todo, felicitarte por tu último párrafo, que comparto al 100%.
Respecto a Godard, fue innovador, pero cayo del fino alhambre cuando decidió que su cine fuera por los derroteros cercanos a la crítica que no a los de las narraciones cinematográficas. Me cansa Godard, decirme inculto, pero así es.
Por parte de Jesús, decir que me pareció mucho más arriesgado por el contexto en que se promovió su cine, y por las formas con las que contaba sus historias. Conformista? Ojala todos lo fuésemos.