domingo 25 de julio de 2010

Trilogía de la madurez

Observando la cartelera es fácil adivinar que con el título de esta entrada hago referencia a la trilogía de Toy Story pero no esperen una crítica o una reseña de la película porque los tiros no van por ahí.

En las últimas semanas, ante el estreno inminente de la tercera parte de las aventuras de Buzz Lightyear, Woody y compañía, las televisiones españolas han aprovechado el tirón, como casi siempre hacen, y han repuesto las dos primeras partes de la trilogía. Y yo las volví a ver. Me apetecía refrescar dos películas con las que en cierto modo he crecido. Andy, el niño al que pertenecen los susodichos juguetes, es casi coetaneo a mi generación. Aunque en la ficción el tiempo no pase de la misma forma que en la realidad de alguna manera yo soy un poco ese Andy. Mientras él, por circunstancias de la vida, se ve obligado a deshacerse de sus juguetes (tranquilos, no es un spoiler, esto sale en el trailer) yo he ido a ver Toy Story 3 y he confirmado lo que venía pensando desde la revisión de sus predecesoras. He madurado.

Y con esto no quiero decir que aquellas me gustaron porque era niño, sino todo lo contrario, ¡ahora me gustan más! Y es que Pixar también tiene un poco de Andy. Toy Story fue como un juego de niños, siendo pionera en aquel lejano 1995 al tratarse de la primera película 100% de animación generada por ordenador. Y también fue la primera de muchas obras maestras. ¡Qué casualidad que sus protagonistas no fuesen otra cosa que juguetes! Ahora, en el año 2010 los mismos que lograron aquella proeza necesitan, con Toy Story 3, necesitan dar un buen final a sus juguetes.


Huelga decir que desde hace un tiempo el estreno anual al que nos acostumbra la productora suele colarse casi directamente en el top ten de películas del año (recuerden Up!, Wall-E o Ratatouille) y esta no va a ser menos. Lo que por aquel entonces parecía la evolución natural de los clásicos Disney se ha convertido en un punto y aparte en la historia del cine. Recordaba las dos primeras partes de la trilogía como quien recuerda los dibujos animados que veía de niño sin darme cuenta que este caso es completamente distinto. No se trata de dos películas de dibujos que pierden su magia con el paso del tiempo sino que mejoran con los años.



Repito: he madurado. Y añado: Pixar también lo ha hecho y, con ellos, el mundo del cine en general. En cierto modo me siento parte de todo esto.

Dicho sea de paso, hay que darse cuenta de lo que es buen cine de animación y no dejarse llevar por ogros verdes, burros charlatanes o ardillas prehístoricas en busca de bellotas que no van más allá de la carcajada efímera. Lo de Pixar, a todos los niveles, es perdurable.

2 comentarios:

Rubén Hornillo dijo...

Ayer vi Buscando a Nemo y me emocionó como Que bello es vivir o La vida es bella. Obra maestra, que aunque parezca mentira, fundamenta su grandeza más en los guiones que en el aspecto visual.

el hombrecillo documentado dijo...

Tanto el dueño de este blog como el primer comentarista han dado en el clavo: la historia, un gran guión, y lo demás es mucho más fácil

Yo también era escéptico sobre la importancia de la animación de los últimos 15 años, pero cuanto más cine veo, más valor le doy a muchas obras de este tipo de cine, y a todas las que ha parido Pixar.

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