domingo 26 de septiembre de 2010

Educación vs. Televisión

Educación y televisión son dos palabras que a día de hoy parecen contradecirse. Y eso no quiere decir que no haya espacios televisivos en los que la educación está presente. Programas infantiles, sobre todo, con mayor o menor éxito, como Los Lunnis o la enésima revisión de Barrio Sésamo; o los documentales (los libres de sensacionalismo, claro está, no me sirve Crímenes Imperfectos) tienen una clara voluntad educadora.

Sin embargo parece que hay una evidente carencia de contenidos didácticos en una programación cada vez más circense. Su pasado pedagógico para la infancia, con programas como el propio Barrio Sésamo o los conducidos por Gloria Fuertes ya no tienen cabida hoy en día. Pero, no nos equivoquemos, la fórmula de estos espacios es un tanto caduca no sólo para el medio sino para el público consumidor. No creo que ningún niño del siglo XXI pudiera aguantar ni diez minutos de la buena de Gloria Fuertes recitando la tabla de multiplicar.

La posibilidad de inventar un nuevo formato con contenidos educativos en medio de una televisión con tan amplia oferta es impensable. Y, aunque parezca que estoy diciendo una contradicción, los niños de hoy en día, cuando conectan el televisor ya no buscan, sólo alternan Disney Channel con Clan TV y, ahora, también con Boing, tres canales contenedores de series de dibujos animados que parecen querer cubrir parrilla y necesidades más con cantidad que con calidad.


En medio de este apocalipsis educador la solución puede pasar por una educación de raíz, en su base, es decir, desde los centros de formación. El niño que va al colegio aprende matemáticas o naturales a regañadientes y sólo llega a comprender su aplicación en la vida real futura. Algo similar debería comenzar a considerarse con el mundo de la imagen y el audiovisual. Desde que nos levantamos de la cama somos golpeados una y otra vez, de forma insistente, por imágenes: televisión (en todas sus modalidades), fotografías, spots, carteles, anuncios, pancartas, etc. Muchas de estas imágenes no las procesamos pero quedan en nuestro subconsciente. Nos golpean con tanta fuerza que ya somos inmunes al dolor que nos producen. Acudimos a comprar Bio de Danone porque va bien para la flora (¿qué demonios es la flora?) y sólo nos falta poner un plato más en la mesa para Belén Esteban. Quizás si supiésemos leer e interpretar estas señales no seríamos tan vulnerables a ellas. Olvidaríamos la convicción que tenemos sobre la verdad en televisión y todos seríamos un poquito más felices. Es posible que esto no interese a nadie, pero si el problema afecta en capas altas hay que buscar una solución en su base. Aunque, pensándolo bien, es posible que fracasáramos en el intento y la educación en la materia se convirtiera en lo que se llama “una asignatura menor”, como música, que pese ser otra de las cosas que nos golpea de manera intolerable, en los colegios se limitan a ofrecer a los niños una hora de entretenimiento a base de flauta y golpe de tambor. Si es que al final todo es eso: entretenimiento. ¿Estamos condenados?

2 comentarios:

Rubén Hornillo dijo...

El sistema educativo está ideado para enseñar a vivir a los ciudadanos en la sociedad. El problema es que, ahora, y cada vez más, la sociedad es mediada por la cultura popular (arte, medios de comunicación, entretenimiento, etc.) Los seres humanos ya no accedemos a la sociedad en sí, sino a su representación (retroalimentada en un circulo vicioso en el que ya no se sabe si la sociedad rige a los medios de comunicacion o si son estos los que gobiernan la sociedad). El error del sistema educativo consiste en formarnos para un concepto abstracto (sociedad) al que la mayoría no accedemos, obviando el paso intermedio en el que todos nos quedamos, "la representación de la sociedad".
En cuanto a espacios educativos, la respuesta es simple: No dan dinero. Los niños no tienen nivel adquisitivo, y las empresas no tienen la obligación de perder dinero (por ahora, aunque sería plausible que, a cambio de las licencias de uso de los canales de televisión, se vieran obligadas a producir contenido educativo). Los contenidos audiovisuales educativos tienen cabida, pero no en la televisión, sino en modestas producciones que se usen en institutos, internet o grandes producciones como las de Pixar (que para mí tienen un gran valor educativo desde una perspectiva educacional).

Luis dijo...

No estoy de acuerdo con Rubén, los niños no compran productos pero obligan a los padres a hacerlo. No creo que ese sea el problema.
La calidad temática o de contenidos y el modo educativo de tratarlos creo que sí tienen que ver con la globalización y la búsqueda de programas para todos que rebajan el nivel y lo dan todo masticadito.
No me gusta pontificar porque sé que hay programas muy educativos y padres responsables pero lo habitual hoy es que la tv sea la primera niñera a la que acuden los papás y mamás.

Concluyo: yo recuerdo con mucho cariño los programas infantiles y dibujos que veía hace unos años, no sé si los niños de ahora podrán decir lo mismo. Prefiero haber sido naïf y ñoño (adjetivos con los que se acusa a los programas de los 80 y principios de los 90) que no un analfabeto crecido en la cultura de la fachada y el no esfuerzo.

Hace unas semanas un maestro que da clase a niños de entre 12 y 15años me contó que a la pregunta de quién quieres ser de mayor, las respuestas fueron: 'Belén Esteban', entre ellas; y 'Rafa nosequé' un fulano de GH (creo), entre ellos.
Pues eso VIVA LA INOCENCIA