
Pequeñas mentiras sin importancia [Les petits mouchoirs, 2010], dirigida por el actor y director Guillaume Canet, es una de esas grandes películas de una cinematografía olvidada por nuestras salas de cine. Con gran película quiero decir que en Francia obtubo grandes éxitos de taquilla y de crítica; y con olvidada quiero decir que en España se ha estrenado en diez o doce salas mal contadas. Sin embargo, eso es todo un éxito en un país en el que películas ganadoras en festivales como los de Cannes, Venecia o Berlín no logran estrenarse más que en dos o tres salas (recuerden, por ejemplo, La cinta blanca (Das weisse band) o La clase (Entre les murs), por nombrar solo dos).
A diferencia de (casi) cualquier Palma de Cannes, Pequeñas mentiras... es un film de lo más convencional, pero no por ello es menos valiosa. Se trata de un film sincero sobre las relaciones humanas, bien escrito, bien narrado y bien interpretado. Parece obvio pero hoy en día encontrar esto no es tan fácil en una pantalla de cine. Los personajes son de lo mejor que he visto en mucho tiempo y el guión te lleva, sin imposturas, de las situaciones más tristes a las sutuaciones más divertidas con gran maestría. Es una película francesa poco francesa, carne de remake americano, de fácil traspaso a otra nacionalidad (con el consecuente riesgo de echarla a perder, claro). Es como un Sánchez Areválo galo o un Cesc Gay con un poco más de sentido del humor (todo en términos positivos, que no se me malinterprete). Entonces, ¿por qué no se estrena con más ímpetu en España? ¿Por qué la gente huye del cine europeo, aún cuando la protagonista es una star internacional como Marion Cotillard? ¿Por qué hay quejas cuando films españoles (Celda 211, Balada triste de trompeta, etc.) no son bien tratados por las carteleras extranjeras si aquí se hace lo mismo?
Son preguntas abiertas que dejaré en el aire.
Con todo, la película no es perfecta. Aunque no se hace larga, las más de dos horas y media de duración podrían haber sido fácilmente reducidas. Los momentos videocliperos alargan demasiado algunos pasajes, subrayando sentimientos que no hacía falta volver a contar (un par de momentos están bien, pero seis o siete pueden lastrar el resultado final) y cierto "sobreedulcoramiento", como el de la secuencia final, que corre el riesgo de separar al espectador del realismo indiscutible que se respira a lo largo del metraje.
Una película recomendable que, para los escépticos, se sitúa a medio camino entre el cine francés más "duro" (véase Claire Denis, Bruno Dumont, Laurent Cantet o los supervivientes de la nouvelle vague) y el más "convencional" (Jean-Pierre Jeunet, Jean-Jacques Annaud o, inlcuso, Luc Besson), entrecomillando siempre estos conceptos.
Y aunque no venga mucho a cuento me gustaría recomendar el cómic francés Pequeños eclipses, de Fane y Jim, que me venía una y otra vez a la cabeza mientras visionaba el film.
1 comentarios:
li pegarem una mira a vore q tal!jeje
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