miércoles 20 de julio de 2011

Relato de un campusero

La semana pasada estuve en la 15a edición de la Campus Party en España en una doble faceta bien diferenciada, la de campusero y la de colaborador, pero en esta crónica trataré de retratar mi vivencia desde el primero de esos dos puntos de vista.





Hay al menos tres cosas que, a primer golpe, llaman la atención del evento. La primera es que no es ni Campus (no tiene nada que ver con la universidad, un hecho que deberían contemplar) ni Party (bueno, tal vez es la peculiar 'party' de unos cuantos), pero no deja de ser una cosa meramente anecdótica.




En segundo lugar, la organización se empeña en difundir el evento como algo más allá de un espacio donde interconectar ordenadores a velocidades insospechadas para jugar y descargar a 'quiensabecuántos' megas por segundo. Los medios parecen no querer ayudarla. Sin embargo, la programación, toda ella relacionada con la tecnología y la innovación, se presenta dividida por espacios y, además de ser exquisita, demuestra que su intención es, precisamente, llevar más alla el concepto de Campus Party, desligarlo de esa definición que los medios y el público, más o menos general, dan de ella.




El problema (re)aparece cuando te das cuenta de que el hastag tuitero que lanzó la propia Campus no llega a trending topic y que las diferentes conferencias son interrumpidas una y otra vez por aplausos o gritos de guerra de unos campuseros que, sin despegar la vista del Counter Strike o sucedáneos, van a su bola. Parece que en el fondo, para muchos, sigue siendo solo eso.



Y en tercer y último lugar, sorprende cómo un evento de tal magnitud y reconocimiento internacional navega tan a la deriva, sin una jerarquía clara de organización en la que los bienintencionados voluntarios ayudan como buenamente pueden en medio de una escasez de información (falta orden, faltan indicaciones por todas partes) tan preocupante. Mención aparte merece la sensación de inseguridad en un lugar donde no hay taquillas y pretenden tranquilizar al campusero mediante constantes controles, a veces cada diez o veinte metros, en los que debes enseñar una y otra vez la mochila o el portátil debidamente etiquetado con tu DNI.






Incidentes de este tipo aparte, como ya he avanzado, las conferencias fueron variopintas, para todos los gustos y, muchas de ellas, reseñables. Habiéndome perdido por motivos laborales algunas de las gordas, como las de Kevin Mitnick (el hacker que no se deja grabar), Pau Garcia-Milà o Ferran Adrià, cabe destacar, sobre todas las cosas, la impartida por David Bravo en torno a la propiedad intelectual. El abogado sevillano, especialista en el tema y figura de actualidad debido a los acontecimientos que nos acompañan en los últimos meses, hizo fácil un tema que no lo es. Expuso con enorme claridad los problemas y vacíos legales en torno a los derechos de autor y dio respuesta a todas las preguntas polémicas que, atendiendo a los medios, parecen no tener respuesta. Lejos de dar un discurso pedante o aburrido, trató temas legales con dotes de gran orador, calculando los tempos e introduciendo anécdotas o comentarios jocosos que harían temblar a muchos de los pseudomonologuistas que aparecen por televisión.



Gianluca Fratellini fue otro de los ponentes más simpáticos que se pudieron ver en el espacio de innovación. Animador de personajes y titular en la empresa de VFX Double Negative nos repasó desde su experiencia una concentrada historia de la animación, con especial atención a sus trabajos para Happy Feet (Happy Feet, 2006) o Paul (Paul, 2011), y aportó su punto de vista de creador para indicar las claves de una buena animación y un buen cine de efectos que parece no encontrar el equilibrio entre historia y espectáculo. Desafortunadamente no puedo decir lo mismo de Carlos Schmukler, ponente que siguió a Fratellini en el mismo espacio, que se encargó de aburrir al público con un discurso obvio, elemental y poco preparado en torno a un tema a priori tan jugoso como el sonido cinematográfico.




Interesante, aunque solo eso, también fue la charla sobre internet y derechos humanos que, a tres bandas, ofrecieron Amira Al Hussaini, fuente de información clave en las revueltas árabes; Leila Nachawati, especialista en periodismo humano; y Olmo Gálvez, representante de Democracia real ya. No puedieron destacar mucho más allá del papel primordial que las redes sociales y los portales de videos jugaron en las revueltas árabes y en las acampadas españolas, informando directamente de usuario a usuario sin el filtro manipulador de los medios. Era un tema interesante pero, lamentablemente, se quedo a medias por la falta de tiempo.


Correcta también fue la mesa redonda en torno al contenido para la web 2.0, donde creadores de webseries y productores de grandes cadenas debatían, entre otras cosas, en torno a los problemas de financiación de estos pequeños proyectos. La postura indignada de los primeros frente a la venta constante de humo de los segundos dejó, finalmente, la sensación de que ninguno de los dos bandos quería hacer sangre cuando, un tema tan en boga y tan poco apoyado como el que se trataba, invitaba, al menos, a una discusión acalorada.



Y en medio de tal maremagnum de nombres y sesudos temas de futuro, una de las pequeñas joyas de la Campus la dio, en un espacio escondido y a horas poco apropiadas, José Mª Villalobos, bloggero, cinéfilo y aficionado a los videojuegos. Estableció una interesantísima relación entre los videojuegos y el cine, comparando imágenes de unos y de otros desde sus respectivos orígenes y ofreciendo sutanciosas conclusiones en torno a temas aparentemente tan separados como Mario Bross y Buster Keaton.





Son todos los que están pero no están todos los que son. Es lo que tiene un evento inabarcable como la Campus Party.




Fotografías de Campus Party - Algunos derechos reservados

1 comentarios:

Wacca dijo...

Estoy en total acuerdo contigo, de echo tenía mis dudas que la campus pudiera aportarme cosas positivas. Pensaba que solo sería videojuegos, informáticos, y frikis. Pero por suerte, asistí a charlas muy interesantes.
Alguna ya la has comentado tú. Pero me gustaría nombrar al jovensísimo chaval que habló durante 10 minutos en el turno del conferenciante Jon Maddog Hall (presidente y director ejecutivo de Linux International) Este chico con tan solo 12 años creo un sistema operativo basado en Linux de código abierto y ahora con 15 años, su creación ha dejado de ser tan solo una beta y es el primer software en integrar el reconocimiento facial como contraseña en un sistema operativo, entre otras tantas cosas igual de sorprendentes. Y quiero resaltar este joven emprendedor y talentosos chico, ya que siempre catalogamos a estas personas como olgasanes y perdedores de tiempo delante del ordenador.

Por otra parte también quiero destacar la presencia de tres chicos creadores de la empresa de videojuegos www.akaonistudio.com que llevan adelante su sueño de empresarios. Compartieron con todos los asistentes a la charla, todos los pasos que debemos dar a la hora de la creación de un videojugo. Estos chicos también nos sorprendieron con su iniciativa en educación. Se han juntado a con la Universidad de Valencia para poner en marcha un máster profesional sobre producción y diseño de Videojuego.

Entre otras tantas cosas que vi, otras tantas que me perdí y me hubiera gustado ver.

Espero que la Campus como nosotros mire lo que ha pasado, reseñe y corrija para que esto siga adelante mejorando y sorprendiéndonos.

Wacca